11.11.07

Algo que decir


Siempre había tenido miedo a la oscuridad; en cuanto las luces se apagaban, mi desbordante imaginación dibujaba todo tipo de formas, sombras y seres que habitaban mi dormitorio. Mamá no me dejaba dormir con la luz encendida, decía que debía hacerme fuerte venciendo mis miedos cara a cara.

Pero aquel verano mis sombras y mis fantasmas habían pasado a otra dimensión. Mis más absurdos miedos habían dejado de ser tan abstractos y ahora se habían materializado. La primera vez que sentí el peso de alguien en la cama creí estar soñando. Pero fueron varias las noches en las que noté ese peso sentándose junto a mis pies. Poco a poco fui dándome cuenta de que no era ningún sueño, aunque tampoco era capaz de actuar, ni de mirar… Me quedaba paralizada, apretando mucho los ojos y los dientes, hasta que el cansancio me vencía y por fín me dormía. Por la mañana tenía un dolor de mandíbula increíble, y un sueño que me hacía parecer un alma en pena.

Reuní el valor para explicárselo a mi madre, pero no me creyó. Siguió denegándome la luz de la mesilla. Pero cuando se lo conté a mi mejor amiga no sólo me creyó si no que me dijo cómo debía actuar. Me explicó que en algunas ocasiones, los espíritus querían comunicarse con los vivos, y que los niños éramos más receptivos ya que no teníamos la mente tan atrofiada por la realidad adulta. Me dijo que lo mejor sería hablar con quien se sentaba en mi cama y preguntarle qué quería.

Una noche abrí bien los ojos, intentando acostumbrar la vista a la poca luz que entraba por mi ventana, hasta que encontré unos ojos que me miraban fijamente. Ese día me hice pis. Mamá me catigó una semana sin ver mis dibujos. Pero pude ver claramente que era la figura de un niño, algo más pequeño que yo. Durante el día no podía dejar de pensar en todo aquél asunto, en lo que pasaría por la noche… Y veía las cosas de otra manera. Empecé a sentir lástima por él. Un niño… Muerto… Y con algo que decir… Pobrecito, no podía ser malo!! Tenía que encontrar el valor suficiente para hablar con él.

Estaba decidida a hacerlo. A pesar de mi miedo, debía hablar con aquel pobre espíritu y saber qué debía decirme. Seguramente debería llevarle un mensaje a alguien o algo por el estilo. No conseguí dormirme, así que esta vez no me despertó su peso, su presencia, sino que pude oir un ruido en la ventana. Me giré y ahí estaba él. El espíritu.

- Hola- dije con un hilito finisiiiimo de voz- ¿Qué quieres? ¿Por qué vienes cada noche?
- Eres preciosa- dijo el niño muerto, dejándome atónita.
- Peroooo… ¿Has venido del más allá para decirme eso?
- No, vivo aquí al lado. Por las noches haces un ruidito muy raro y me asustabas. Vine a ver qué monstruo vivía aquí, para dejar de tener miedo, y cuando vi lo preciosa que eras, no pude dejar de venir a contemplarte…

Y así fue como dejé de tener miedo y conocí a mi primer amor…


6.11.07

Miradas

Ya no sé cuánto tiempo llevo aquí. He perdido la cuenta de los días, anestesiada; ya no quiero sufrir más. He deambulado por varios sitios. En todos ellos me han prometido bienestar. Pero todo han sido engaños. Sigo sin encontrar mi lugar en el mundo, si es que existe uno para mí.

Stanislav. Le echo tanto de menos!! En algún rincón de mi ser aún puedo recordar el contacto de sus manos, la seguridad que me producía sentirme entre ellas. Acunándome. Sintiéndome suya. Sólo suya. Pero se acabó. Todas las cosas tienen un final.

Me siento muy sola, a pesar de la gente. No son más que extraños que me dedican alguna mirada de incomprensión, con suerte alguna de admiración. Sé que soy bella. Lo sé. Pero no me consuela. No alivia mi pena.

Pero desde hace unos días hay unos ojos que me miran. Una mirada medicinal, que me cura y me hipnotiza. Siento en ella deseo, comprensión, placer, felicidad. Y esos ojos mágicos derriten mis penas como un cazo de nieve al fuego. Sé que me ama. He aprendido a reconocer las miradas, a aprender su lenguaje. Y siento en mí sus manos, tan cálidas… Me acaricia suavemente. Sonrie de satisfacción.

He encontrado mi lugar en el mundo. Junto a esos ojos que me miran todos los días. Aquí puedo sentirme realizada. Ahora sé el porqué de todo. Ahora sé qué vine a hacer a este mundo. Vine a satisfacer los sentidos, a dar placer. Placer estético. Y lucir toda mi belleza, mi vítrea y escultórica belleza.


Sesión Jordi Trujillo (V)


Sesión Jordi Trujillo (IV)