31.10.07

Llueve en mi cabeza

Me siento sola. Y desorientada. Sé que espero, espero, espero… pero no sé el qué. Llueve. Y esas gotas me reconfortan, me acunan, me calman. Si cierro los ojos, puedo ver más clara la realidad, es más nitida en mi memoria que a mi alrededor. La escojo, la selecciono. Como si se tratara de un menú de una de esas películas en dvd, con los extras. Apreto el botón que activa cada escena y la puedo revivir.

La lluvia que cayó el día en que faltó mi padre. La primera vez que sentí de veras esa soledad auténtica, la que te desconecta de los humanos y te une a la tierra, como si fueras un árbol. Y sentir la lluvia, que te acompaña, que te acolcha, te canta y te mima.

La lluvia que acompañó mi primer beso, dulce, tierno y húmedo como esas gotas que nos empapaban segundo a segundo, minuto a minuto, mientras nuestros labios seguían juntos. Qué más daba un poco de agua. Me sentía aislada del mundo, sólo existíamos él y yo… y la lluvia.

La lluvia que marcó el día en el que nació mi hijo, sin previo aviso, sin día acordado, sin acuse de recibo. No le tocaba nacer. Pero nació. Diluviaba mientras la ambulancia me trasladaba de un hospital a otro. Y en la sala de dilatación sólo se oia esa música mecedora, causada por la lluvia en el exterior. Era un día gris, y nació un niño lila. Cosas de la vida.

Vuelvo a abrir los ojos y pierdo la seguridad que me acompañaba hace un instante. No sé cómo he llegado a este lugar. No me resulta familiar, no conozco nada. Lloro. Lloro de angustia y desesperación. De soledad, de pena. De ignorancia. De nada. Mi mente está en blanco, como cuando tenía exámenes finales en la Universidad… Oh, eso lo recuerdo perfectamente, como si lo viviera ahora mismo. Cierro los ojos y puedo ver esa aula, las risas histéricas con Maite, antes de entrar al examen. El Katakali de Kerala!!!! El Kabuki, el teatro Noh japonés… Jajajajaja… Nos daban risa esos nombres absurdos que habíamos memorizado en las clases de historia del teatro, con esa eminencia arrogante que teníamos por profesor.

Y en cuanto se desvanece ese recuerdo, todo vuelve a perder sentido. Sólo lo encuentro al cerrar los ojos y buscar en mi memoria. Menos mal que llueve, y esa lluvia me acompaña, me ayuda. Sé que espero a algo, o alguien… Y se retrasa. No llega, sé que me va a sacar de este lugar. No te pongas nerviosa, no llores más. Ya llega. Sólo aguanta un poco más. Siente la lluvia, y piensa en el mar…

- Señora Leonor, ¿qué hace otra vez en la ducha? ¿No ve que es hora de dormir, mujer? Venga, que la voy a secar y nos vamos a la cama…

No hay comentarios: